Me encanta mi idioma, me fascina. Soy defensor a ultranza del castellano-argento; será por eso que me resulta absolutamente odioso (de manera repulsiva), que se incorporen a nuestro lenguaje cotidiano, palabras o frases del ingles del norte.
Muchos hablan de nacionalismo, de la argentinidad al palo y bla bla bla; pero después, como si fuera lo que corresponde, lo más natural, surgen términos mágicos como: fake news, breaking news, fast food, veni que nos sacamos una selfie, vamos a un after office y que la comunity manager, el childfree y el sale off o el cyber monday y, por supuesto, no es lo mismo estar en el top five que entre los mejores cinco... top five suena mas importante.
No hace falta que siga con la lista; esta claro, que para muchos comunicadores, y para muchos que no lo son, les parece mas impactante, relevante, destacado decirlo en inglés. Sin embargo, yo amante de nuestra lengua caste-argenta, entiendo cómo nuestras palabras se van modificando, se actualizan, cambia su sentido y muchas veces pasan de moda, pero sigo sin aceptar, por ninguna causa, razón, motivo o circunstancia, cambiarlas por otras extranjeras. No las necesitamos.
Haciendo un poco de memoria (como un juego iniciado por Adriana, mi esposa), viajando a los recuerdos de nuestra infancia, me permito traer a este blog, de las décadas del cincuenta al setenta (poco mas o menos), palabras y frases comunes; que escuchábamos o decíamos cotidianamente.
Morondanga: Una porción chica de cualquier cosa era "porción de morondanga", se aplicaba para varias cosas por cierto.
Petitero: El tipo elegante, que siempre estaba bien vestido, no recuerdo que se dijera petitera...
Churra/o: La mujer u hombre muy, pero muy lindos, atractivos. Hoy podría decir "atractives".
Malandra: era el malo, de mal vivir. Prepotente, violento.
Pendenciero, muy cercano al malandra, era el que siempre buscaba pelea porque quería encontrar un motivo para pelear, en tanto que, el buscarroña, era el que gustaba generar discusiones o peleas.
Descarriado era quien desvió su buen camino y educación, por un sendero oscuro, sin proyectos; que se dedico a la joda (¿dije "joda"?, uuh que mal...), o al vivir de una manera no muy honesta.
Sopapo: con lo que nos amenazaban cuando hacíamos algo "malo", era el "cachetazo" tan temido, la mano de plano sobre la mejilla.
Coscorrón, en cambio, era un poco menos doloroso, y consistía en golpear con los nudillos, leve y repetidamente, sobre la cabeza.
Chambón, el que se equivocaba siempre, o tenía esa fama de equivocador serial. Era despectivo.
Chavón, aunque suena parecido, (se transformó en "tipo") era el que se incorporaba a un grupo, o pretendía hacerlo pero la mayoría no lo conocía.
Chantapufi, siempre mentía o exageraba, se hacia el "agrandado" y ya nadie le creía.
Paparulo representaba al tonto inocentón (¡este es un paparulo...!).
Pipón se decía cuando uno estaba totalmente satisfecho después de comer, o comió de más (estoy pipón pipón!)
Pebete o pebeta se le decía a la persona muy jovencita o a pre-adolescentes.
Langa era el "galán". El seductor que hacía de si mismo un personaje (como los actores de cine) No se aplicaba a las mujeres.
Diva (que todavía se usa, pero en mujeres muy mayores), era la mujer sensual, voluptuosa. Imagen y actitud de actriz de cine.
Tarambana se refería al torpe, al que no hacía nada bien.
Macana: hacer algo mal, sin mala intención, podía ser por torpeza. "Se mando una macana, que mejor ni te cuento..."(con el tiempo "macana" se llamó el "palito de abollar ideas").
Perejil existía como condimento, pero también se le decía al que culpaban de algo, sin que tuviera nada que ver.
Gil, es probable que derive de perejil, y era al que se engañaba fácilmente.
Hay miles de palabras propias de esa época que ya no se utilizan. El chinchudo que se enojaba por cualquier cosa, el sisañero que disfrutaba de hacer comentarios para que otros discutan, y el tronco, que era malo para cualquier deporte; un jetón no se daba cuenta de que lo engañaron, por despistado y que, despierto, era el que reaccionaba rápido y de manera inteligente; no como el pánfilo, un lento para reaccionar ante cualquier circunstancia. Yo era el querubín de la familia, o sea, el hijo menor. En todo barrio había un energúmeno (bruto y torpe), o un chiflado que hacía cosas sin pensar en las consecuencias, (sigue muy recordado el trío de la tele) pero no faltaba el piola que siempre quería sacar ventada de lo que fuera, de cualquier manera. Todos teníamos un amigo o conocido muy atolondrado (que se presumía era poco inteligente), y la mayoría se divertía cuando se armaba un despiporre, o sea una reunión que se salía de control en la que, el ruido y la bebida se escapaban raudamente de la paz, la armonía y las buenas costumbres ! Un tentenpié es ahora una colación y los viajes en grupos a una laguna, para pasar el día, se hacían en ¡la bañadera !, claro que ahora se los conoce como los colectivos escolares (eran mas o menos parecidos...), manejada, según nuestra visión de pibes de esa época, por un esperpento, o sea un tipo feo, desprolijo y con aspecto sucio (que era peor que estar desalineado (mal aspecto, pero no demasiado); que al finalizar el día quedaba como un trapo de piso, si, así de cansado (era una visión de los pibes, los choferes eran buenos, agradables y tenían que aguantar un viaje de horas con un montón de gente haciendo "bochinche"). Enganchado con lo de las excursiones, todos comíamos como angurrientos (desesperados), pero si el chofer nos gritaba, nos quedábamos panchos, o sea tranquilos; sobre todo si ponía su dedo indice bajo el ojo y nos decía ¡Guay eeh, guay! Esa si que era una amenaza. Había que tener cuidado porque algunos reaccionaban como leche hervida, es decir, al menor descuido se desbordaban.
Si alguien nos decía "te voy a hacer un buraco así...", mejor temerle, por las dudas porque era una advertencia de que nos cagaría (¿dije cagaría...? Uhhh mal, muy mal. Se me escapó).
Atorrante era el que vivía sin trabajar, en la calle; en realidad esa palabra se hizo popular por las personas que, por estar en la miseria y no tener donde vivir, se quedaban dentro de los caños que utilizaba la empresa Torrant s.a. para realizar grandes obras de construcción. Asociados a éstos, estaban los cabecita negra, según el pensamiento de aquellos años, eran los que vivían de changa, tenían mal aspecto y a los que se adjudicaba una discapacidad de generar un pensamiento inteligente. Si. Había muchas palabras muy hirientes. Clasistas más que racistas.
Una masa de cualquier cosa, amorfa y de aspecto asqueroso, era una plasteca.
Y en este revuelto de palabras, no faltan el cafishio y el pituco. El primero vivía de las mujeres y el segundo, siempre elegante, se preocupaba mucho, mucho de su aspecto. Estos estaban lejos de los cachirulos, las personas de espíritu inocente que, de alguna manera, nos alegraba el día; pero nos preocupaba el guarda. Este era el que picaba los boletos (rectángulo de cartón), durante el viaje en tren. Al aviso de su presencia: ¡guarda! los que no pagaron el pasaje se escapaban hasta el último vagón. Quedó así grabado en el inconsciente que , al escuchar ¡guarda!, era por la presencia de algo supuestamente peligroso. Si alguien terminaba desplumado, era por que lo estafaron y no le dejaron nada.
No sólo teníamos estas palabras para martillarnos la cabeza. Había frases, muy usuales, de las que por lo general, había que tener cuidado. Era preferible no escucharlas...
Se decía, y con cierto desprecio, muerto de hambre, al que no tenía plata ni empleo, y cabeza hueca, la persona que actuaba sin pensar, o simplemente no mostraba indicios de haber pensado en algo. Ser caradura o cara rota, implicaba que alguien decía lo que pensaba, tal como lo pensaba, sin filtro; y no le preocupaba que fuese elogioso o insultante. También si hacía algo sin pedir permiso.
Si de alguna manera una persona nos molestaba, tomate el olivo, era la forma de invitarlo a que se fuera (cuánto mas lejos mejor). Sos un caso de escopeta o un tiro al aire, era la descripción de quien estaba descarriado y no tenía signos de recuperación; por eso también se solía decir: quien mal anda, mal acaba. pero en ocasiones el problema era la gente con las que se reunía el descarriado; entonces dime con quien andas y te diré quién eres... porque en definitiva, siempre hay un surcido para un descocido.
Al que acompañaba y no sabía hacer nada, se le decía vos sos un clavo ! pero si hacía algo, y bien, era de puro traste. Las mujeres ¡no se indisponían ! está con la regla; y tampoco pasaban por la menopausia; esta con los calores ! era lo que se decía (de paso se les indicaba que no se lavaran la cabeza porque se "cortaba"). Si, estoy hablando de las décadas del cuarenta al setenta.....
No se un soto, era la respuesta apropiada cuando se nos preguntaba por algo de lo que no teníamos ni idea. Claro esta, al papá o mamá, nunca ! Nos podían meter un sopapo. Esta era respuesta entre amigos. Claro que no saber responder y que no nos importe, implicaba un me importa un coño (o comino), hoy se dice carajo (uuh, ¿dije carajo? que bolú ! Fue sin querer).
Cuando el padre se enteraba que el "nene" tenía una noviecita, guiñaba el ojo y decía "tiene un filito", pero si la nena tenía un candidatito a noviecito, la amenaza caía como un rayo; ¡si me entero que tenés un filito te meto en un convento hasta que tengas cuarenta años ! Todavía existen estos especímenes patéticos. pero eso es otro tema.
Las parejas, siempre en lugares "recatados" franeleaban en la penumbra. Los pantalones eran de franela. Se entiende. Las parejas chapaban.
Pedirle al padre o a la madre (lo común era que los "permisos" los otorgara el padre...), algo más de lo habitual, era prender una mecha; vos querés la chancha, los veinte y la maquina de hacer chorizo...
Me superan mucho estas frases, eran muy profundas, de altísimo contenido intelectual. Pero eran así.
Quien se quisiera burlar de otro, le hacía pito catalán (si, escribí pito catalán...). Pulgar en la punta de la nariz y cuatro dedos flameando hacia arriba. Si, era una forma de burlarse, lo juro; y el perdedor, si había un perdedor de cualquier cosa, se enojaba mucho, pero mucho.
En hogares donde el sueldo era escaso y fin de mes siempre estaba muy lejano, había que administrar los alimentos de la mejor manera posible, y si alguien decía: ¿esto hay para comer?, no me gusta !
la respuesta era: -¿Que te crees, que es la fonda El Pinchazo? Se referían a alguna fonda imaginaria en que cada uno se sirve lo que gusta. -¡Come lo que hay o no comas!. Seguramente vendría de un personaje humorístico, pero otra frase relacionada era: ¡comes como Pochita Morfoni! (mucho y rápido), y lo contrario era ¡comes como un pajarito ! Recordando esto, relacionado a lo que se comía en cantidad... cuando algo nos causaba mucha gracia, decíamos: ¡que plato!
Algunas de estas palabras o frases, hoy son risueñas, causan gracia (poca, mucha o ninguna); pero eran una forma de educarnos, de enseñarnos, de marcar límites, de establecer autoridad.
Era una época sin internet, en la que llamarnos por teléfono era "pegarnos un tubazo". Cartas escritas a mano, compartir una mesa sin celulares, reuniones sin celulares, divertirse sin celulares, conversar cara a cara prestando atención a lo que se escucha, y no al rington (¿no se podría decir timbre?, ¿o suena berreta decirlo así?).
Era otro mundo. Ese, ya cambió. El mundo es otro, nosotros somos otros.
De ninguna manera, jamás, voy a afirmar, sugerir ni pensar que el tiempo pasado fue mejor. Pero si sigo convencido que, lo mínimo que podemos hacer, es cuidar nuestro idioma. Es una lengua viva, es una pavada aclarar esto, pero actualicemos nuestro castellano argento sin términos importados.
No quiero una hamburguesa Big, ni Snacks, ni aprovechar el Sale Off, ni me gusta el Merchandaising de lo que sea, ni el Bus, ni la community, ¡ hablame en castellano, en argentino, en argento !.
Me da mucho asco el concepto V.I.P. very important persons (creo que es así), no solo por lo que se expresa por escrito, sino por lo que que dicta, sugiere e implica.
Me resultan muy repulsivos, algunos argentinos "famosos de la tele", que en alguna entrevista se quedan mirando al cielo, pensando en como expresar una idea y dicen: "Haber... no se cómo se diría en castellano..." Asco, me dan.
Hice un poquito de catarsis; no me preocupa, y si en algún momento me fuí al joraca, ¡tampoco !
lunes, 4 de febrero de 2019
sábado, 28 de julio de 2018
Una carrera desquiciada.
El barrio donde vivía, estaba compuesto por varias manzanas dispuestas en torno a una plaza central, con forma circular, que era tan pequeña que, cuando iba a caminar a su alrededor, con sólo dar unos pocos pasos ya completaba la vuelta a la misma y me pasaba a mi mismo.
Como fui educado para la autosuperación y la competitividad, me volví muy exigente conmigo, asi que al verme pasar a mi lado, comencé a apurarme de tal modo que inmediatamente me puse a la par y volvi a pasarme. Por supuesto que acelere mis pasos, y como consecuencia, volví a superarme.
Harto de verme sobrepasado por mi mismo, a pesar de los infructuosos esfuerzos por no dejarme vencer, me detuve exhausto. Cuánto más me apuraba, más rápido veía mi espalda frente a mí. No sabía si esto era un éxito o un fracaso. ¿Estaba ganando o perdiendo esta carrera desquiciada?
Frustrado por la dificultad que encontraba para vencerme, abandone el barrio y me mude a otro con una plaza enorme. Ahora estoy corriendo alrededor de ella y, aunque lo hago con toda la energía que dan mis piernas, no logro ni siquiera verme en el horizonte. Ya nunca me alcanzo. Para mi tranquilidad y consuelo, al mirar hacia atrás, tampoco me veo seguir mis propios pasos.
He decidido ahora, caminar tranquilamente. Pero, por las dudas, cada tanto, me doy vuelta; si me veo venir comenzare a correr otra vez.
Rubén Chamorro ´16
Como fui educado para la autosuperación y la competitividad, me volví muy exigente conmigo, asi que al verme pasar a mi lado, comencé a apurarme de tal modo que inmediatamente me puse a la par y volvi a pasarme. Por supuesto que acelere mis pasos, y como consecuencia, volví a superarme.
Harto de verme sobrepasado por mi mismo, a pesar de los infructuosos esfuerzos por no dejarme vencer, me detuve exhausto. Cuánto más me apuraba, más rápido veía mi espalda frente a mí. No sabía si esto era un éxito o un fracaso. ¿Estaba ganando o perdiendo esta carrera desquiciada?
Frustrado por la dificultad que encontraba para vencerme, abandone el barrio y me mude a otro con una plaza enorme. Ahora estoy corriendo alrededor de ella y, aunque lo hago con toda la energía que dan mis piernas, no logro ni siquiera verme en el horizonte. Ya nunca me alcanzo. Para mi tranquilidad y consuelo, al mirar hacia atrás, tampoco me veo seguir mis propios pasos.
He decidido ahora, caminar tranquilamente. Pero, por las dudas, cada tanto, me doy vuelta; si me veo venir comenzare a correr otra vez.
Rubén Chamorro ´16
viernes, 15 de diciembre de 2017
Citas citables
El poder nunca se gana, siempre se es conferido. Todos somos tan libres que hasta podemos elegir ser esclavos. (RC)
Creer que un enemigo débil no puede dañarnos, es creer que una chispa no puede causar un incendio.
Si soy lo que tengo, y lo que tengo lo pierdo, entonces: ¿Quién soy?
En la tierra hay suficiente como para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos.
Algo difícil de aprender es que puentes hay que cruzar, y que puentes hay que quemar.
Creer que un enemigo débil no puede dañarnos, es creer que una chispa no puede causar un incendio.
Si soy lo que tengo, y lo que tengo lo pierdo, entonces: ¿Quién soy?
En la tierra hay suficiente como para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos.
Algo difícil de aprender es que puentes hay que cruzar, y que puentes hay que quemar.
martes, 5 de diciembre de 2017
El deseo
El joven caminaba distraído por la playa. De pronto encontró una lámpara, similar a la de Aladín, y mirando hacia todos lados, pensó: "Si alguien me viera frotándola, me sentiría ridículo, pero ¿que tengo que perder?
La froto suavemente y, sorpresa, desde su interior salió un genio que le dijo:
-Por haberme liberado, te concedo un deseo.-
-¿"un" deseo? ¿sólo uno? - dijo el muchacho.
-Sí, sólo uno y piénsalo muy bien antes de pedírmelo.-
El joven lo miro varios segundos hasta que decidió lo que quería, pero primero preguntó:
-Me vas a conceder lo que sea que te pida, sin trampa?.
- Si.- fue la respuesta.
-Mi deseo es que me concedas dos deseos.-
El genio no sabía que contestarle y no encontraba argumentos para negar lo que le pedía; por lo tanto aceptó.
-Habla.- Le dijo.
Mi primer deseo es que mis ganancias mensuales de dinero, se multipliquen por un millón.-
-Hecho. ¿Y el segundo deseo?
-Mi segundo deseo es que me concedas dos deseos...
Rubén Chamorro Nov17
La froto suavemente y, sorpresa, desde su interior salió un genio que le dijo:
-Por haberme liberado, te concedo un deseo.-
-¿"un" deseo? ¿sólo uno? - dijo el muchacho.
-Sí, sólo uno y piénsalo muy bien antes de pedírmelo.-
El joven lo miro varios segundos hasta que decidió lo que quería, pero primero preguntó:
-Me vas a conceder lo que sea que te pida, sin trampa?.
- Si.- fue la respuesta.
-Mi deseo es que me concedas dos deseos.-
El genio no sabía que contestarle y no encontraba argumentos para negar lo que le pedía; por lo tanto aceptó.
-Habla.- Le dijo.
Mi primer deseo es que mis ganancias mensuales de dinero, se multipliquen por un millón.-
-Hecho. ¿Y el segundo deseo?
-Mi segundo deseo es que me concedas dos deseos...
Rubén Chamorro Nov17
Otro poco de humor
Un señor viaja en su auto y se percata de que esta perdido. Maniobra y pregunta a un hombre que caminaba por el costado del camino:
-Disculpe... ¿podría usted ayudarme? He quedado en encontrarme a las 14:00hs con un amigo. Llevo media hora de retraso y no sé donde me encuentro.
-Claro que si. - Le contesta- se encuentra usted en un auto, a unos 7km del centro de la ciudad, entre 40 y 42 grados de latitud norte y entre 58 y 60 de longitud oeste.
-¿Es usted ingeniero, ¿verdad?- dice el del coche.
-Si señor, lo soy ¿Cómo lo adivinó?
-Muy sencillo, porque todo lo que me ha dicho es "técnicamente correcto", pero "prácticamente inútil". Continúo perdido, llegare tarde y no se que hacer con su información.
-Usted es político ¿Verdad?- pregunta el de la calle.
En efecto.- responde orgullosamente el del vehículo. -¿Cómo lo supo?
Porque no sabe dónde esta ni hacia donde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, esta usted exactamente en la misma situación que estaba antes de preguntarme, pero ahora, por alguna extraña razón, parece que la culpa es mía.
-Disculpe... ¿podría usted ayudarme? He quedado en encontrarme a las 14:00hs con un amigo. Llevo media hora de retraso y no sé donde me encuentro.
-Claro que si. - Le contesta- se encuentra usted en un auto, a unos 7km del centro de la ciudad, entre 40 y 42 grados de latitud norte y entre 58 y 60 de longitud oeste.
-¿Es usted ingeniero, ¿verdad?- dice el del coche.
-Si señor, lo soy ¿Cómo lo adivinó?
-Muy sencillo, porque todo lo que me ha dicho es "técnicamente correcto", pero "prácticamente inútil". Continúo perdido, llegare tarde y no se que hacer con su información.
-Usted es político ¿Verdad?- pregunta el de la calle.
En efecto.- responde orgullosamente el del vehículo. -¿Cómo lo supo?
Porque no sabe dónde esta ni hacia donde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, esta usted exactamente en la misma situación que estaba antes de preguntarme, pero ahora, por alguna extraña razón, parece que la culpa es mía.
lunes, 4 de diciembre de 2017
El bar
Encontré en mi camino una ferretería. Mire los precios de un montón de herramientas que ya no necesitaba y, seguramente, no necesitaría nunca, pero es un comercio en el que me gusta detenerme a ver lo que ofrece. En la vidriera, abajo a la derecha, vi con cierto asombro, una tijera de mano para podar que, hace años, intente comprar. La busque en una veintena de negocios y no la pude conseguir en su momento... a buena hora la encuentro. Pero ya no importa. Lo que me interesa, ahora, es ir a tomar un café. En las diez cuadras que recorrí no vi ningún bar, lo que me hace suponer que no faltara mucho para encontrar uno. Lo mismo me ocurre cuando espero un colectivo; después de esperar media hora, no me voy caminando porque pienso: "si hace tanto que no viene ninguno, entonces el bondi debe estar por llegar..."
No me equivoqué, esta vez. Mesitas en la vereda, a pleno sol; con sombrillas que desparraman su sombra por cualquier parte, menos sobre las mesas o sillas. Imposible sentarse afuera en un día tan caluroso. Por suerte había pocas personas en el local, y la que siempre es mi mesa favorita, estaba desocupada. En un rincón y junto a la ventana. Desde esa ubicación, siempre, en cualquier bar, hay una buena vista general. Todo lo que me rodea esta accesible para satisfacer mi incansable curiosidad. Mirar y ver mi entorno. Nunca me dejare atrapar por la pantalla de un celular. Es muy frecuente que cuando alguien descubre un paisaje fantástico, da un paso atrás y saca una foto; mira la realidad desde una pantalla, y ese no es mi caso.
En las paredes, sin revocar, pero bien barnizadas, hay todo tipo de objetos que usualmente serían considerados desperdicios, pero aquí están decorando. Y quedan muy bien; no sé porque los veo elegantes. Chapas patentes viejas, partes de bicicletas, una licuadora, el volante de un viejo Torino, un paragolpes cromado (probablemente del mismo auto), y un tarro lechero, entre otras cosas; le dan un lindo aspecto al lugar. Lo curioso es que en el galponcito de mi casa, tengo tantos o más cachivaches que aquí y sin embargo, el lugar tiene un aspecto casi desastroso. Si le instalara una máquina de café, una mesa y me vistiera de mozo ¿lo vería lindo y agradable...?
Siempre me pregunto: ¿Qué es lo que le da elegancia a un lugar decorado con chapas oxidadas o aparatos rotos y viejos, sobre paredes sin revocar? Probablemente sea el aroma del café, o el de los fiambres, o las facturas recién horneadas, o la música de Sabina, que tanto me gusta, contando historias de amores ganados o perdidos, o la tranquilidad que se percibe en los que van a desayunar, alejándose de la locura cotidiana. hay un señor bastante mayor que yo, que no es poco, a quien el cortado se le enfrió hace varias páginas de su libro y la medialuna se entibió al sol que entra por el vidrio manchado de calcomanías despegadas y letras borroneadas. Una pareja joven conversa y escriben y dibujan, en un cuaderno que giran y giran, hasta que él se levanta y se sienta junto a ella; distingo en eso un proyecto que está comenzando a tomar forma. Sonrientes. Los dos con los codos sobre la mesa, ella apoya la frente sobre la mano, la mano de él frota su mentón como buscando una respuesta...
El perro lazarillo emite un ladrido suave, al tiempo que su dueño extiende su brazo y dibuja algo en el aire, pidiendo la cuenta; con la certeza de que el mozo ya lo miró. No veo a nadie exasperado o nervioso. Eso baja mi ansiedad y noto que yo tampoco, ahora, me siento con la necesidad de salir corriendo, aunque no tengo que cumplir ningún horario. La ansiedad es contagiosa. Muchas veces me apuro sólo porque los que me rodean están apurados; corro por la aceleración de otros. Me río cuando me percato de esto. Aquí es como que todos bajamos un cambio.
El mozo acaricia al perro y apoya su mano en el hombro del cliente, intercambian algunas palabras que no escucho, pero se ríen con ganas y se despiden amigablemente.
Miro por la ventana y veo gente que gesticula ampulosamente, mientras hablan por celular; otros no pueden esperar que se detengan los autos y se cruzan peligrosamente entre ellos. Dos muchachos se cruzan y saludan sin detenerse. No tienen tiempo. Sus respectivos aparatitos adheridos a las manos izquierdas, los conectan con todo el mundo pero no les dejan un minuto libre para intercambiar algunas palabras personalmente.
Mi café también se empezó a enfriar y lo apuro de un sorbo; mis medialunas ya son historia y la ferretería ya debe estar abierta. Voy a comprar esa tijera. Después de todo es bueno, cada tanto y en la medida de lo posible, adquirir algo que se quiere solo porque se quiere y no porque se necesite.
Extiendo mi brazo y hago un dibujo en el aire, mirando hacia el mostrador. El mozo me mira y viene con gesto sonriente y amigable,
Rubén Chamorro Dic17
No me equivoqué, esta vez. Mesitas en la vereda, a pleno sol; con sombrillas que desparraman su sombra por cualquier parte, menos sobre las mesas o sillas. Imposible sentarse afuera en un día tan caluroso. Por suerte había pocas personas en el local, y la que siempre es mi mesa favorita, estaba desocupada. En un rincón y junto a la ventana. Desde esa ubicación, siempre, en cualquier bar, hay una buena vista general. Todo lo que me rodea esta accesible para satisfacer mi incansable curiosidad. Mirar y ver mi entorno. Nunca me dejare atrapar por la pantalla de un celular. Es muy frecuente que cuando alguien descubre un paisaje fantástico, da un paso atrás y saca una foto; mira la realidad desde una pantalla, y ese no es mi caso.
En las paredes, sin revocar, pero bien barnizadas, hay todo tipo de objetos que usualmente serían considerados desperdicios, pero aquí están decorando. Y quedan muy bien; no sé porque los veo elegantes. Chapas patentes viejas, partes de bicicletas, una licuadora, el volante de un viejo Torino, un paragolpes cromado (probablemente del mismo auto), y un tarro lechero, entre otras cosas; le dan un lindo aspecto al lugar. Lo curioso es que en el galponcito de mi casa, tengo tantos o más cachivaches que aquí y sin embargo, el lugar tiene un aspecto casi desastroso. Si le instalara una máquina de café, una mesa y me vistiera de mozo ¿lo vería lindo y agradable...?
Siempre me pregunto: ¿Qué es lo que le da elegancia a un lugar decorado con chapas oxidadas o aparatos rotos y viejos, sobre paredes sin revocar? Probablemente sea el aroma del café, o el de los fiambres, o las facturas recién horneadas, o la música de Sabina, que tanto me gusta, contando historias de amores ganados o perdidos, o la tranquilidad que se percibe en los que van a desayunar, alejándose de la locura cotidiana. hay un señor bastante mayor que yo, que no es poco, a quien el cortado se le enfrió hace varias páginas de su libro y la medialuna se entibió al sol que entra por el vidrio manchado de calcomanías despegadas y letras borroneadas. Una pareja joven conversa y escriben y dibujan, en un cuaderno que giran y giran, hasta que él se levanta y se sienta junto a ella; distingo en eso un proyecto que está comenzando a tomar forma. Sonrientes. Los dos con los codos sobre la mesa, ella apoya la frente sobre la mano, la mano de él frota su mentón como buscando una respuesta...
El perro lazarillo emite un ladrido suave, al tiempo que su dueño extiende su brazo y dibuja algo en el aire, pidiendo la cuenta; con la certeza de que el mozo ya lo miró. No veo a nadie exasperado o nervioso. Eso baja mi ansiedad y noto que yo tampoco, ahora, me siento con la necesidad de salir corriendo, aunque no tengo que cumplir ningún horario. La ansiedad es contagiosa. Muchas veces me apuro sólo porque los que me rodean están apurados; corro por la aceleración de otros. Me río cuando me percato de esto. Aquí es como que todos bajamos un cambio.
El mozo acaricia al perro y apoya su mano en el hombro del cliente, intercambian algunas palabras que no escucho, pero se ríen con ganas y se despiden amigablemente.
Miro por la ventana y veo gente que gesticula ampulosamente, mientras hablan por celular; otros no pueden esperar que se detengan los autos y se cruzan peligrosamente entre ellos. Dos muchachos se cruzan y saludan sin detenerse. No tienen tiempo. Sus respectivos aparatitos adheridos a las manos izquierdas, los conectan con todo el mundo pero no les dejan un minuto libre para intercambiar algunas palabras personalmente.
Mi café también se empezó a enfriar y lo apuro de un sorbo; mis medialunas ya son historia y la ferretería ya debe estar abierta. Voy a comprar esa tijera. Después de todo es bueno, cada tanto y en la medida de lo posible, adquirir algo que se quiere solo porque se quiere y no porque se necesite.
Extiendo mi brazo y hago un dibujo en el aire, mirando hacia el mostrador. El mozo me mira y viene con gesto sonriente y amigable,
Rubén Chamorro Dic17
lunes, 20 de noviembre de 2017
Las mujeres de verdad (Mónica Ferreto)
Las mujeres de verdad tienen curvas, o no. Usan una 34 o una 42. O la talla que les da la gana. No permiten que un número las condicione.
Las mujeres de verdad tienen hijos y envejecen felices viéndolos crecer, o eligen no tenerlos y envejecen exactamente igual. Se casan o son solteras. Y no consienten que ni su vida ni su felicidad dependan en exclusiva de ello.
Las mujeres de verdad hacen el amor, o cogen. Disfrutan y no se averguenzan. No van pidiendo perdón por ser como son: altas, bajas, delgadas, gordas, guapas o feas.
Las mujeres de verdad tienen el culo grande, o pequeño. Muchas tetas, o pocas, o ya no tienen. Usan tanga culote o nada. Se depilan si les da la gana. Tienen la piel blanca, o la piel oscura; la piel tersa o con arrugas.
Las mujeres de verdad sonríen mucho, o sonríen poco. Y no pasa nada.
Las mujeres de verdad no tienen miedo de estar solas, porque han comprendido que ese miedo únicamente las conduce a conformarse con las excusas, con las mitades, con las dudas, con las sobras, con la condescendencia, con las caricias en el lomo; con las "ya veremos", los "quiza", los "puede", los "tal vez", los "el tiempo dirá"; con la incertidumbre, con las puertas entreabiertas, con los "perdón" a destiempo. Que ese miedo les lleva esperar, a justificar, a demandar, a sentirse culpables, a querer de más, a quererse de menos.
Las mujeres de verdad han decidido que su felicidad depende únicamente de esa mujer que ven cada mañana frente al espejo, esa mujer a la que, por fin, han aprendido a amar.
Las mujeres de verdad son cada día más fuertes, más sabias, más valientes, más auténticas. Han entendido que las migajas no son una opción, que se merecen la tinta entera, que con la ilusión no se juega, que quien las pierde es el que pierde, que la cobardía no tiene excusa y las excusas no tienen perdón, que querer es sencillo, que el amor no duele.
Las mujeres de verdad le han ganado la batalla al rencor, al odio, al miedo. Han vuelto a confiar en sí mismas, a valorarse, a respetarse, a atreverse. Han aprendido a marcharse a tiempo, a dejar de querer cuando era el momento. Las mujeres de verdad han comprendido que el miedo no es estar solas, sino estar con alguien que les haga sentir solas.
Las mujeres de verdad han dejado de pedir perdón por decir lo que piensan y mucho menos por hacer lo que dicen.
Las mujeres de verdad han empezado a disfrutar de la vida sin remordimientos y han descubierto que no hay nada de malo en hacer lo que quieren si les hace feliz.
Las mujeres de verdad han dejado de permitir que nadie las haga sentir culpables ni avergonzarse de ser quienes son.
Las mujeres de verdad no necesitan que nadie les diga lo que son, porque ya lo saben.
(Gracias Mónica Ferreto por colaborar en este blog)
Las mujeres de verdad tienen hijos y envejecen felices viéndolos crecer, o eligen no tenerlos y envejecen exactamente igual. Se casan o son solteras. Y no consienten que ni su vida ni su felicidad dependan en exclusiva de ello.
Las mujeres de verdad hacen el amor, o cogen. Disfrutan y no se averguenzan. No van pidiendo perdón por ser como son: altas, bajas, delgadas, gordas, guapas o feas.
Las mujeres de verdad tienen el culo grande, o pequeño. Muchas tetas, o pocas, o ya no tienen. Usan tanga culote o nada. Se depilan si les da la gana. Tienen la piel blanca, o la piel oscura; la piel tersa o con arrugas.
Las mujeres de verdad sonríen mucho, o sonríen poco. Y no pasa nada.
Las mujeres de verdad no tienen miedo de estar solas, porque han comprendido que ese miedo únicamente las conduce a conformarse con las excusas, con las mitades, con las dudas, con las sobras, con la condescendencia, con las caricias en el lomo; con las "ya veremos", los "quiza", los "puede", los "tal vez", los "el tiempo dirá"; con la incertidumbre, con las puertas entreabiertas, con los "perdón" a destiempo. Que ese miedo les lleva esperar, a justificar, a demandar, a sentirse culpables, a querer de más, a quererse de menos.
Las mujeres de verdad han decidido que su felicidad depende únicamente de esa mujer que ven cada mañana frente al espejo, esa mujer a la que, por fin, han aprendido a amar.
Las mujeres de verdad son cada día más fuertes, más sabias, más valientes, más auténticas. Han entendido que las migajas no son una opción, que se merecen la tinta entera, que con la ilusión no se juega, que quien las pierde es el que pierde, que la cobardía no tiene excusa y las excusas no tienen perdón, que querer es sencillo, que el amor no duele.
Las mujeres de verdad le han ganado la batalla al rencor, al odio, al miedo. Han vuelto a confiar en sí mismas, a valorarse, a respetarse, a atreverse. Han aprendido a marcharse a tiempo, a dejar de querer cuando era el momento. Las mujeres de verdad han comprendido que el miedo no es estar solas, sino estar con alguien que les haga sentir solas.
Las mujeres de verdad han dejado de pedir perdón por decir lo que piensan y mucho menos por hacer lo que dicen.
Las mujeres de verdad han empezado a disfrutar de la vida sin remordimientos y han descubierto que no hay nada de malo en hacer lo que quieren si les hace feliz.
Las mujeres de verdad han dejado de permitir que nadie las haga sentir culpables ni avergonzarse de ser quienes son.
Las mujeres de verdad no necesitan que nadie les diga lo que son, porque ya lo saben.
(Gracias Mónica Ferreto por colaborar en este blog)
viernes, 20 de octubre de 2017
Un poco de humor !
Me pregunto: Si Supergirl es la chica de "acero" y las balas no la dañan...¿como es posible que tenga aros?
Cuando un avión baja (aterriza) se dice que "Arriba" y cuando despega (se eleva de trompa) se dice que "decola".
Si los sanguches de miga son "simples" porque tienen una sola capa de relleno, ¿Los triples no deberían ser dobles?
Y si son triples por tener tres capas de pan ¿los "simples no deberían ser dobles?
Grafitis:
Nunca pude estudiar derecho (El jorobado de Notre Dame)
El auto nunca reemplazara al caballo (La yegua)
Me molesta la gente que no da la cara (Anónimo)
Cuando un avión baja (aterriza) se dice que "Arriba" y cuando despega (se eleva de trompa) se dice que "decola".
Si los sanguches de miga son "simples" porque tienen una sola capa de relleno, ¿Los triples no deberían ser dobles?
Y si son triples por tener tres capas de pan ¿los "simples no deberían ser dobles?
Grafitis:
Nunca pude estudiar derecho (El jorobado de Notre Dame)
El auto nunca reemplazara al caballo (La yegua)
Me molesta la gente que no da la cara (Anónimo)
martes, 3 de octubre de 2017
Las máscaras del teatro
Las tan conocidas máscaras del teatro representan a Talía y Melpómene.
Talía es la musa de la comedia, presidía los banquetes animados por la música y el canto. Lleva por atributos: una corona de hiedra y en la mano, una máscara sonriente.
Melpómene es la musa de la tragedia, se la representa como una matrona majestuosa y calzando el cornuto; en una de sus manos sostiene un cetro y una corona, y en la otra, un puñal.
Talía es la musa de la comedia, presidía los banquetes animados por la música y el canto. Lleva por atributos: una corona de hiedra y en la mano, una máscara sonriente.
Melpómene es la musa de la tragedia, se la representa como una matrona majestuosa y calzando el cornuto; en una de sus manos sostiene un cetro y una corona, y en la otra, un puñal.
Escribiendo sin "U"
Escribiendo sin "u" puedo hablar hasta el cansancio de mí, de lo mío, del yo, de lo que tengo, de lo que me pertenece... Hasta puedo escribir de él, de ellos y de los otros. Pero sin "u" no puedo hablar de ustedes, del tú, de lo vuestro. No puedo hablar de lo suyo, de lo tuyo, ni siquiera de lo nuestro. Así me pasa... a veces pierdo la "u" y dejo de poder hablarte, pensarte, amarte, decirte.
Sin "u", yo me quedo pero tú desapareces... y sin poder nombrarte ¿cómo podría disfrutarte?
En cuanto sepa quien es el autor, lo escribo al pie ¡de inmediato !
Sin "u", yo me quedo pero tú desapareces... y sin poder nombrarte ¿cómo podría disfrutarte?
En cuanto sepa quien es el autor, lo escribo al pie ¡de inmediato !
¿Sirena o ballena?
Esta historia me la hizo llegar una amiga hace no mucho tiempo...
Hace un tiempo, se vio en las calles de San Pablo, un afiche de una de las cadenas de gimnasios más renombradas de Brasil, con la foto de una chica escultural y la siguiente frase:
"Este verano, ¿querés ser sirena o ballena?"
Una mujer de San Pablo (cuyas características físicas no trascendieron), le envió esta nota a la empresa como respuesta:
"Las ballenas están siempre rodeadas de amigos. Tienen una vida sexual activa, se embarazan y tienen ballenitas de lo más tiernas. Las ballenas amamantan. Son amigas de los delfines y se lo pasan comiendo camarones.
También juegan en el agua y nadan por ahí, surcan los mares, conoces lugares maravillosos, como los hielos de la Antártida y los arrecifes de coral de Polinesia. Las ballenas cantan muy bien y hasta hay quienes grabaron en cd´s esas canciones.
Son enormes y casi no tienen predadores naturales. Ellas tienen una vida bien resuelta, son amadas, admiradas y hasta tienen organizaciones internacionales que se ocupan de sus problemas.
En cambio, las sirenas NO existen. Si existieran, vivirían en permanente crisis existencial. ¿soy un pez o un ser humano? se preguntarían. No tienen hijos, pués matan a los hombres que se encantan con sus canciones y su belleza... y no tienen por dónde hacer el amor. Son bonitas si, pero tristes y siempre solitarias.
¡Prefiero ser ballena!; si me quedaba alguna duda, ya quedó desterrada. En estos tiempos de mujeres anoréxicas y bulímicas, en que la prensa, las revistas, el cine y la tele, nos meten a la fuerza en la cabeza, que sólo las flacas son bellas, este mensaje trae nuevas esperanzas a las "ballenitas" y ¿por qué no? a las sirenitas, que no descansan un segundo pensando en su apariencia exterior. Yo prefiero disfrutar un helado junto a la sonrisa cómplice de quien me acompaña, una copa de vino con un hombre que me haga vibrar y una pizza exquisita, que me quieren por lo que soy y no por cómo luzco.
(Gracias Angela por colaborar con este blog !)
Hace un tiempo, se vio en las calles de San Pablo, un afiche de una de las cadenas de gimnasios más renombradas de Brasil, con la foto de una chica escultural y la siguiente frase:
"Este verano, ¿querés ser sirena o ballena?"
Una mujer de San Pablo (cuyas características físicas no trascendieron), le envió esta nota a la empresa como respuesta:
"Las ballenas están siempre rodeadas de amigos. Tienen una vida sexual activa, se embarazan y tienen ballenitas de lo más tiernas. Las ballenas amamantan. Son amigas de los delfines y se lo pasan comiendo camarones.
También juegan en el agua y nadan por ahí, surcan los mares, conoces lugares maravillosos, como los hielos de la Antártida y los arrecifes de coral de Polinesia. Las ballenas cantan muy bien y hasta hay quienes grabaron en cd´s esas canciones.
Son enormes y casi no tienen predadores naturales. Ellas tienen una vida bien resuelta, son amadas, admiradas y hasta tienen organizaciones internacionales que se ocupan de sus problemas.
En cambio, las sirenas NO existen. Si existieran, vivirían en permanente crisis existencial. ¿soy un pez o un ser humano? se preguntarían. No tienen hijos, pués matan a los hombres que se encantan con sus canciones y su belleza... y no tienen por dónde hacer el amor. Son bonitas si, pero tristes y siempre solitarias.
¡Prefiero ser ballena!; si me quedaba alguna duda, ya quedó desterrada. En estos tiempos de mujeres anoréxicas y bulímicas, en que la prensa, las revistas, el cine y la tele, nos meten a la fuerza en la cabeza, que sólo las flacas son bellas, este mensaje trae nuevas esperanzas a las "ballenitas" y ¿por qué no? a las sirenitas, que no descansan un segundo pensando en su apariencia exterior. Yo prefiero disfrutar un helado junto a la sonrisa cómplice de quien me acompaña, una copa de vino con un hombre que me haga vibrar y una pizza exquisita, que me quieren por lo que soy y no por cómo luzco.
(Gracias Angela por colaborar con este blog !)
Los deseos de Alejandro
Los tres últimos deseos de Alejandro Magno (no me consta, pero cuentan que...)
Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus últimos tres deseos:
1) Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.
2)Que los tesoros que había conquistado, fueran esparcidos por el camino hasta su tumba.
3)Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd y a la vista de todos.
Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le pregunto cuáles eran sus razones y Alejandro le contestó:
1) Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos no tienen, ante la muerte, el poder de curar.
2) Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros, para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí pertenecen.
3) Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo.
"El tiempo" es el tesoro más valioso que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando se lo dedicamos a una persona, le entregamos una porción de nuestra vida, porque el tiempo es vida.
Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus últimos tres deseos:
1) Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.
2)Que los tesoros que había conquistado, fueran esparcidos por el camino hasta su tumba.
3)Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd y a la vista de todos.
Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le pregunto cuáles eran sus razones y Alejandro le contestó:
1) Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos no tienen, ante la muerte, el poder de curar.
2) Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros, para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí pertenecen.
3) Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo.
"El tiempo" es el tesoro más valioso que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando se lo dedicamos a una persona, le entregamos una porción de nuestra vida, porque el tiempo es vida.
La pareja de ancianos.
Una mañana agitada, muy temprano, un señor mayor, de unos ochenta años, llegó al hospital para que le retiraran los puntos de su dedo pulgar, que se había herido en un accidente doméstico. El señor dijo que estaba apurado porque tenía una cita a las nueve en punto. El doctor, sabiendo que había muchos pacientes esperando, le pidió que tomara asiento, suponiendo que quizá pasaría más de una hora hasta poder atenderlo. Algunos minutos después lo vió mirando su reloj una y otra vez, en una actitud nerviosa y decidió no hacerlo esperar más. Lo llamó y examinó su herida. Mientras lo curaba le pregunto si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado; el señor le dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa. El doctor le consultó sobre la salud de ella y el anciano le respondió que ella hacía tiempo que estaba allí, ya que padecía Alzheimer. El médico le pregunto entonces si pensaba que ella se enfadaría si llegaba un poco tarde y el anciano le respondió que hacía años que ella ya no podía reconocerlo. El doctor, sorprendido, no pudo evitar hacer otra pregunta: -"Y usted sigue yendo cada mañana, aún cuando ella no sabe quién es usted? El paciente lo miró y con una sonrisa melancólica le dijo: -"Ella no sabe quien soy... pero yo aún sé quien es ella, y voy a verla cada día por una sola razón; porque la amo".
(No sé quién es el autor, pero en cuanto lo sepa, obviamente lo escribiré aquí).
(No sé quién es el autor, pero en cuanto lo sepa, obviamente lo escribiré aquí).
Sabes...
Sabes mi nombre, mas no mi historia; has oído sobre lo que he hecho, más no sabes lo que he pasado; sabes donde estoy, más no de donde vengo; me ves riendo, más no sabes lo que he sufrido...
Deja de juzgarme. Saber mi nombre no implica que me conozcas.
Deja de juzgarme. Saber mi nombre no implica que me conozcas.
lunes, 2 de octubre de 2017
Aprender a volar
El rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que las entrenara. Pasados unos meses, el instructor comunicó al rey que uno de ellos estaba perfectamente adiestrado, pero que al otro no sabía lo que le sucedía. No se había movido de la rama desde el día de su llegada al palacio; a tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí. El rey mandó llamar a los curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió. Por la ventana de sus habitaciones, el monarca podía ver que el ave continuaba inmóvil. Publicó por fin, un edicto entre sus súbditos y a la mañana siguiente vio al halcón volando por los jardines.
-¡Traedme al autor de este milagro ! - Dijo el rey.
Enseguida le presentaron a un campesino.
-¿Tú hiciste volar al halcón?, ¿Cómo lo hiciste?, ¿Eres mago acaso...?
Entre feliz e intimidado, el hombre solo le explico:
-No fue difícil su alteza, sólo le corte la rama en la que estaba siempre parado. El pájaro se dio cuenta que tenía alas y ¡se largo a volar !
-¡Traedme al autor de este milagro ! - Dijo el rey.
Enseguida le presentaron a un campesino.
-¿Tú hiciste volar al halcón?, ¿Cómo lo hiciste?, ¿Eres mago acaso...?
Entre feliz e intimidado, el hombre solo le explico:
-No fue difícil su alteza, sólo le corte la rama en la que estaba siempre parado. El pájaro se dio cuenta que tenía alas y ¡se largo a volar !
¿Cómo es este pueblo?
Cuenta que un día un anciano estaba sentado al pie de un árbol, en las afueras de la aldea, cuando llegó un desconocido que le preguntó:
-¿Cómo es la gente en este pueblo?
-¿Cómo era la gente de la última aldea en que usted vivió?- respondió el anciano con otra pregunta.
-¡Era amabilísima, allí fui muy feliz! Todos eran bondadosos tal era su generosidad que nunca dejaban de ayudar a quien veían en apuros...!
-Ya comprobara usted que aquí la gente es muy parecida a esa.- Respondió el anciano.
Al día siguiente, otro desconocido, se detuvo a hablar con el viejo.
-¿Qué tal es la gente en este lugar?- pregunto el desconocido.
-¿Cómo se portaba la del último pueblo donde usted estuvo? - le pregunto a su vez el viejo.
-¡Era un pueblo terrible, todos eran egoístas y viles. Allí no había nadie dispuesto a ayudar a nadie.
-¡Pues temo que aquí, usted hallará lo mismo?.
-¿Cómo es la gente en este pueblo?
-¿Cómo era la gente de la última aldea en que usted vivió?- respondió el anciano con otra pregunta.
-¡Era amabilísima, allí fui muy feliz! Todos eran bondadosos tal era su generosidad que nunca dejaban de ayudar a quien veían en apuros...!
-Ya comprobara usted que aquí la gente es muy parecida a esa.- Respondió el anciano.
Al día siguiente, otro desconocido, se detuvo a hablar con el viejo.
-¿Qué tal es la gente en este lugar?- pregunto el desconocido.
-¿Cómo se portaba la del último pueblo donde usted estuvo? - le pregunto a su vez el viejo.
-¡Era un pueblo terrible, todos eran egoístas y viles. Allí no había nadie dispuesto a ayudar a nadie.
-¡Pues temo que aquí, usted hallará lo mismo?.
Un poco de humor...
Apodos para amigos o compañeros:
Chicle (no lo traga nadie)
Filo de sartén (sirve para romper los huevos)
Huevo de heladera (se pasa el día en la puerta)
Seco de vientre (se sienta y no hace nada)
Aguarrás (de lejos parece solvente)
Cañita voladora (sin la botella no va para ningún lado)
Mes de Enero (Ni un solo día fresco)
Mosquito (para que deje de chupar hay que matarlo)
hay más, muchos más... pero lo dejo para otro día !!!
Chicle (no lo traga nadie)
Filo de sartén (sirve para romper los huevos)
Huevo de heladera (se pasa el día en la puerta)
Seco de vientre (se sienta y no hace nada)
Aguarrás (de lejos parece solvente)
Cañita voladora (sin la botella no va para ningún lado)
Mes de Enero (Ni un solo día fresco)
Mosquito (para que deje de chupar hay que matarlo)
hay más, muchos más... pero lo dejo para otro día !!!
De profesión: Mamá !
(Una historia que me hizo llegar una amiga...)
Un día fui a sacar el registro de conducir y la oficial que tomaba los datos me preguntó cuál era mi ocupación. No supe como etiquetar mi trabajo de "madre" y que responder.
Al percatarse de esto, la oficial que tomaba los datos le dijo:
-"A lo que me refiero es a si usted trabaja o es una....."-
-¡Claro que tengo un trabajo - le contesté- Soy Mamá !
A lo que la oficial respondió "No ponemos mamá como opción, vamos a ponerle...Ama de casa ! Fue la respuesta enfática de la oficial.
Había olvidado por completo esta historia, hasta que un día me paso exactamente lo mismo, colo que esta vez, en una oficina estatal. La funcionaria era obviamente una mujer de carrera, eficiente, de mucha postura y tenía un título muy despampanante que decía: "Entrevistadora oficial".
-¿Cuál es su ocupación? - me preguntó ella.
¿Qué me hizo contestarle esto?, no lo sé, pero las palabras simplemente salieron de mi boca:
-"Soy una investigadora asociada en el campo del desarrollo infantil y relaciones humanas".
La funcionaria se detuvo, la lapicera quedo congelada en el aire y me miro como si no hubiese escuchado bien. Repetí el título lentamente, poniendo énfasis en las palabras más importantes. Luego observé asombrada como mi pomposo oficio era escrito en tinta negra en el cuestionario oficial.
¿Me permite preguntarle? - dijo la funcionaria con un aire de interés -¿Qué es exactamente lo que hace usted en este campo de investigación?
Con una voz calmada y pausada me escuche contestarle: "Tengo un programa continuo de investigación (¿qué madre no lo tiene...? en el laboratorio y en el campo (normalmente me hubiera referido a lo anterior como "adentro" y "afuera"). Estoy trabajando para mi maestría (la familia completa) y ya tengo cuatro créditos (todas mis hijas). Por supuesto que el trabajo es uno de los que mayor demanda tiene en el campo de humanidades (¿Alguna madre esta en desacuerdo?) y usualmente trabajo catorce horas diarias (en realidad son más, son como veinticuatro). Pero el trabajo tiene muchos mas retos que cualquier trabajo sencillo y las remuneraciones, más que económicas, están ligadas al área de la satisfacción personal.
Se podía sentir un creciente grado de respeto en la voz de la funcionaria, mientras completaba el formulario.
Una vez terminado el proceso, se levanto de la silla y personalmente me acompañó a la puerta. Al llegar a casa, emocionada por mi nueva carrera profesional, salieron a recibirme tres de mis asociadas al laboratorio, de 13, 7 y 3 años de edad. Arriba podía escuchar a nuestro nuevo modelo experimental, en el programa de desarrollo infantil de 6 meses de edad, probando un nuevo programa de patrón en focalización. Me sentí triunfante, ¡Le había ganado a la burocracia! había entrado en los registros oficiales como una persona más distinguida e indispensable para la humanidad que solo "una madre más". La maternidad... que carrera más gloriosa, especialmente cuando tiene un título en la puerta.
Un día fui a sacar el registro de conducir y la oficial que tomaba los datos me preguntó cuál era mi ocupación. No supe como etiquetar mi trabajo de "madre" y que responder.
Al percatarse de esto, la oficial que tomaba los datos le dijo:
-"A lo que me refiero es a si usted trabaja o es una....."-
-¡Claro que tengo un trabajo - le contesté- Soy Mamá !
A lo que la oficial respondió "No ponemos mamá como opción, vamos a ponerle...Ama de casa ! Fue la respuesta enfática de la oficial.
Había olvidado por completo esta historia, hasta que un día me paso exactamente lo mismo, colo que esta vez, en una oficina estatal. La funcionaria era obviamente una mujer de carrera, eficiente, de mucha postura y tenía un título muy despampanante que decía: "Entrevistadora oficial".
-¿Cuál es su ocupación? - me preguntó ella.
¿Qué me hizo contestarle esto?, no lo sé, pero las palabras simplemente salieron de mi boca:
-"Soy una investigadora asociada en el campo del desarrollo infantil y relaciones humanas".
La funcionaria se detuvo, la lapicera quedo congelada en el aire y me miro como si no hubiese escuchado bien. Repetí el título lentamente, poniendo énfasis en las palabras más importantes. Luego observé asombrada como mi pomposo oficio era escrito en tinta negra en el cuestionario oficial.
¿Me permite preguntarle? - dijo la funcionaria con un aire de interés -¿Qué es exactamente lo que hace usted en este campo de investigación?
Con una voz calmada y pausada me escuche contestarle: "Tengo un programa continuo de investigación (¿qué madre no lo tiene...? en el laboratorio y en el campo (normalmente me hubiera referido a lo anterior como "adentro" y "afuera"). Estoy trabajando para mi maestría (la familia completa) y ya tengo cuatro créditos (todas mis hijas). Por supuesto que el trabajo es uno de los que mayor demanda tiene en el campo de humanidades (¿Alguna madre esta en desacuerdo?) y usualmente trabajo catorce horas diarias (en realidad son más, son como veinticuatro). Pero el trabajo tiene muchos mas retos que cualquier trabajo sencillo y las remuneraciones, más que económicas, están ligadas al área de la satisfacción personal.
Se podía sentir un creciente grado de respeto en la voz de la funcionaria, mientras completaba el formulario.
Una vez terminado el proceso, se levanto de la silla y personalmente me acompañó a la puerta. Al llegar a casa, emocionada por mi nueva carrera profesional, salieron a recibirme tres de mis asociadas al laboratorio, de 13, 7 y 3 años de edad. Arriba podía escuchar a nuestro nuevo modelo experimental, en el programa de desarrollo infantil de 6 meses de edad, probando un nuevo programa de patrón en focalización. Me sentí triunfante, ¡Le había ganado a la burocracia! había entrado en los registros oficiales como una persona más distinguida e indispensable para la humanidad que solo "una madre más". La maternidad... que carrera más gloriosa, especialmente cuando tiene un título en la puerta.
Antes de hablar...
Antes de hablar, considera:
Primero, lo que tú dices.
Segundo, por qué lo dices.
Tercero, a quien se lo dices.
Cuarto, quien te lo ha dicho.
Quinto, las consecuencias de tus palabras.
Sexto, que provecho resultara de éstas.
Séptimo, quien escuchará lo que digas.
Primero, lo que tú dices.
Segundo, por qué lo dices.
Tercero, a quien se lo dices.
Cuarto, quien te lo ha dicho.
Quinto, las consecuencias de tus palabras.
Sexto, que provecho resultara de éstas.
Séptimo, quien escuchará lo que digas.
Palabras celtas.
Soy hijo de poesía,
poesía, hija de reflexión,
reflexión, hija de saber,
saber, hijo de búsqueda,
búsqueda, hija de gran conocimiento,
gran conocimiento, hijo de inteligencia,
inteligencia, hija de comprensión,
comprensión, hija de sabiduría.
poesía, hija de reflexión,
reflexión, hija de saber,
saber, hijo de búsqueda,
búsqueda, hija de gran conocimiento,
gran conocimiento, hijo de inteligencia,
inteligencia, hija de comprensión,
comprensión, hija de sabiduría.
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